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Goles para la euforia

Librerías deportivas Esteban Sanz, S.L.

ISBN: 84-85977-96-3

“GOLES para la EUFORIA” arranca del propósito del Madrid de conmemorar su centenario mediante la consecución del triplete: falló en la copa y en la liga ante la consistencia del Deportivo de A Coruña y del Valencia, si bien se alzó con su novena copa de campeones de Europa ante el Bayer Leverkusen. Se entrecruzan pues las competiciones españolas con la Champions League, considerando jugadas cimeras y tácticas de equipos tan distintos como el Athletic de Bilbao y el Barça, el Manchester y el Bayern Múnich.

La segunda parte narra el campeonato mundial de Corea-Japón, tomando como protagonista a la selección española, aunque pronto entran en cancha los equipos que llegaron a las semifinales, con las revelaciones de Turquía y Corea, y las potencias de Brasil y Alemania. Se analizan las tensiones ambientales y el dinamismo de futbolistas que emocionaron a millones de espectadores, en directo o a través de la televisión.

Cada capítulo de la NOVELA plantea fases o encuentros diferenciados, hilándose el argumento con las acciones y el tiempo que el propio fútbol marca. El universo esencial de este deporte, a nivel español y global, a comienzos del siglo XXI está condensado con objetividad de reportero. Entre tantos jugadores, por sus técnicas o coraje, fulguran Zidane y Ronaldo, Raúl y Joaquín; Ronaldinho, Beckham y Ballak; Casillas y Pujol, Baraja o Valerón. ¡Oé oeoeoeee ooé por la afición!

Página 92.

Hacia el final del primer tiempo Makelele que había resistido inconmensurable, flojeó por el centro, traspasado entre el escurridizo Neuville y el turco Bastürk; en su ayuda acudió el argentino Solari desguarneciendo el ala izquierda que quedó bajo el dominio exclusivo de Roberto Carlos. Los del Bayer percibieron tal oquedad y hacia ahí se volcaron provocando fallos en la contundencia del brasileño. Pero precisamente por esta banda contradictoria y más aireada, se produjo la maravilla: Roberto Carlos se deshizo de Schneider pasando al centro, donde emergió Solari en portentoso despliegue físico y táctico para afianzar la contra, adelantarse unos metros y alzar balón hacia el fondo del lateral izquierdo que ya el pequeñajo y portentoso brasileño bate. Deja que el balón bote y en posición forzada, al primer toque, bombeó al frontal del área. Ahí estaba el desaparecido Zidane durante jugadas anteriores, oscurecido por Ramelow en su función principal de marcar al cerebro del equipo contrario; con espacio ahora para ensancharse con libertad y tiempo para observar la trayectoria de la alta parábola; apoyó firme su pierna derecha, perfiló el cuerpo para que el esférico le caiga hacia el pie izquierdo. Sin tocar el suelo abrió los brazos en equilibrio de ballet y a la media vuelta empalmó. El zurdazo sería calificado como mínimo de excelente, espeluznante y encomiástico, con esa chispa de emoción deleitosa que enaltece a las multitudes, como cuando ante los selectos el barítono alza el himno a la alegría en la novena sinfonía de un tal Ludwig von Beethoven. Inapelable el testarazo entró en redonda holgura por la escuadra que le correspondía para ser inmortalizado entre los amantes del balompié por los siglos de los siglos, amén: -¡¡Chapeau!!- que exclamó el vicepresidente de la cara pánfila mientras abrazaba a un Florentino que se sacude los parabienes para concentrarse en el acierto de haber abonado millones por el fichaje del francés: -París bien vale una misa.



Página 210-211

Las estrellas brasileñas actuaron con suma precisión, disposición y estilo: desde fuera del área Kléberson metió diagonal por la derecha hacia Rivaldo. A éste le hubiera bastado templar, driblar por el lado fallón del único marcador que se interpone y chutar frontal para obtener su gol número seis, que le hubiera igualado en tantos a los marcados por Jairzinho en el mundial de México´70. Pero perspicaz advirtió que Ronaldo entraba en tromba por el corredor libre a su izquierda y se abrió de piernas para que la bola circule y llegue en inmejorables condiciones al número 9; el carioca adelantó la pelota, mansa, hasta el punto del penalti y concreta remate raso, ligeramente curvado, al palo contrario que Kahn debiera cubrir, rompiendo las esperanzas todas de los alemanes:2-0. Con el orgullo herido Frings pegó balonazo que atontó a Lucio.

¿Dónde queda el juicio desmerecedor sobre la actitud egoísta de Rivaldo, ansioso de libertad para meter goles a su manera y conseguir la adhesión entusiasmada del público? Dicen que invade los espacios de sus compañeros en el Barça y en la delantera canarinha a veces irrita a los demás al privarles de oportunidades. Sin embargo en este minuto 78 hizo gala de su hermandad en la generosa cesión que facilita el acceso de Ronaldo a la posición de crack universal, pichichi con ocho tantos, superando por tanto los seis de Súcker y Stoichkov; y lo más definitivo, a nivel brasileño, ya se equipara a los doce goles totalizados por Pelé en aquellos sus campeonatos mundiales de la fama: -Soy muy ambicioso, aún tengo muchas metas que lograr- declararía el ariete, quizá con su propósito puesto en el campeonato de Alemania.06, donde pretende superar el récord de catorce tantos que ostenta el germano Gerard Müller desde hace decenios.

-¡¡¡¡¡Te-te-te-te-te-tracampeoooooones!!!!!- con el siglo por delante para que la canarinha prevalezca. Titulares y reservas, técnicos y auxiliares, se postran en el centro del estadio internacional de Yokohama y enlazan sus manos, creyentes o santeros, ardientes e interesados en solidaridad y homenaje de los triunfadores hacia tantos por el fútbol embelesados. Diseñan cordón agradecido el colectivo que se deja llevar por la vida, en esa excelsa emoción que se llama euforia.