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¿A qué viniste?Editorial Huerga&Fierro ISBN: 84-8374-438-4
“La diferencia que hay del animal bruto al hombre es ser éste animal racional y el bruto irracional” considera Cervantes al ceder la palabra a los protagonistas de su novela ejemplar “El coloquio de los perros”. De acuerdo, ingenioso Miguel, al admitir la orgánica y común animalidad de mascotas y personas, aunque lo sugestivo no es sólo prestarles voz, sino rastrear en directo el cruce de percepciones y emociones, las peripecias en la convivencia de sus sensibilidades. Chuchi logra muy enriquecedoras experiencias: cachorra faldera de una top model, arrojada a plaza pública que husmea junto a gatos y otros canes, niños y seres sin techo. En manos de esquinado ejecutivo aguanta la tortura, científicos valoran su virtualidad y disputa su presencia frente a chucho digitalizado. Vive aventura serrana con forestal en el desfiladero de los buitres y adiestra cualidades acrobáticas que le proporcionarán superior destino.
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Tarjetones imitando pergamino convidaron a la fiesta de imposición del collar: “Chuchi” figura en su chapita de nominación. Los invitados de la farándula con entusiasmo asaltaron bufé que ofrecía diversidad de aperitivos y bebidas, viandas y dulces, todo muy exótico, aunque en vajilla desechable. Correspondieron con regalos glamurosos: peines de zinc y cerdas naturales, escudillas para comer y beber; correa extensible en metros para cuando correteará en libertad-control; pelotas y complementos de plástico que estimulen el proceso de aprendizaje, tal zapatillas que mordisquear una vez le salgan los dientes; bozal de cuero repujado; cojines de colores chillones que no destiñen al pasarlos por lavadora automática. En la ceremonia se admiró arnés de plaquitas metálicas: -Reproducción exacta del modelo que figura en el museo del patrimonio nacional, perteneciente al can preferido por el emperador Carlos; en esperanza de que será una perrilla con trato mayestático- puntualizó el padrino del agasajo. -¡Y es una chica excelente y siempre lo será!- besuquean ese ovillo cálido de apenas medio kilo que palpita y las bien maquilladas se la pasan de brazos; algún marica también saca su aquel maternal, en simpatía hacia la bienvenida, todavía en fase soñolienta y que por toda respuesta se sobresalta en repelo.
En días siguientes la chucha observó los saltos de sus congéneres, todavía sin participar en el entrenamiento hasta que ayer el entrenador se le acercó: -Venga-. Pausada entró en el círculo e hizo tres saltos seguidos de cumplido, según el estilo común de los golden: -Perfecto, bonita- susurró el cuidador y añadió golpecitos de ánimo en la nuca, convincente al pasarle los dedos en pofundidad, pausados a lo largo del espinazo. Con ambas manos le palmea los lomos traseros: -¡Ahora, hala!-. Chuchi meditativa entró en el círculo de la exhibición: reticente se coloca en posición, si bien se retrae y observa el tinglado desde la línea blanca marcada para el inicio del salto y se retira medio metro en el recorrido previo a la arrancada al objeto de favorecerse para obtener no una voltereta, sino dos y aún tres en empeños siguientes. -¡Aurrera!- alborozado el entrenador premió el salto triple de doña volatinera. A los tres días logró frenada en seco y quedar tiesa sobre las cuatro patas: elegante, sin altivez y sólo moviendo la cabeza igual a cuando al fin te sacudes una zozobra. Dichoso Félix golpeó en las puertas de las caravanas, convocando a toda la troupe internacional a la repetición de la memorial cabriola de la perra. Fascinados los clowns, el domador de los elefantes y los ayudantes de la pista contemplaron a la roya en su inédito ejercicio y aplaudieron el buen hacer del adiestrador: -Incluiremos el numerito en lugar destacado de la publicidad- se congratuló el gerente. |
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